La estantería de pendientes: cómo elegir qué libros se quedan
La pila de la mesilla lleva ahí tanto que ya forma parte del mueble, y en la estantería hay una segunda fila detrás de la primera con cosas que compraste en dos ferias distintas. No haber leído un libro no es un fracaso ni una deuda pendiente: en su momento pagaste por una intención, y la intención te sirvió entonces. Lo que sí conviene revisar es cuántos de esos libros vas a abrir de verdad, y qué hacer con los otros para que salgan de casa a un sitio decente.
Un libro sin leer no es una asignatura suspensa
La estantería de pendientes acaba funcionando como una lista de tareas que te mira desde la pared. Cada vez que pasas por delante hay un pequeño recordatorio de algo que no has hecho, y eso no anima a leer, más bien lo contrario: da pereza empezar cualquiera porque detrás hay treinta esperando.
Soltar los que no vas a leer no es rendirse. Casi siempre pasa lo contrario: cuando quedan pocos y se ven todos, se lee más, porque elegir uno deja de ser una decisión entre cuarenta candidatos.
El test honesto del “algún día lo leo”
Cuatro preguntas rápidas resuelven la mayoría de casos, y se contestan libro en mano en cinco segundos cada uno.
¿Lo comprarías hoy, viéndolo en la mesa de novedades? ¿Lo has empezado ya dos veces y lo has dejado dos veces? ¿Te apetece leerlo, o te apetece ser alguien que lo ha leído? Y la más práctica de todas: ¿está en la biblioteca de tu barrio? Si está, puedes soltarlo con tranquilidad, porque recuperarlo cuesta un paseo y cero euros.
No hace falta contestar bien. Basta con que sean tres noes seguidos para que ese libro pase al montón de salida sin más deliberación.
Las categorías que se van solas
Hay grupos enteros que casi nadie echa de menos: los manuales técnicos de versiones de programas que ya no existen, las guías de viaje de hace años con restaurantes cerrados, los apuntes y libros de la carrera, los best sellers de aeropuerto que ya leíste y no vas a releer, los ejemplares repetidos que aparecen al juntar dos casas, los regalos que nunca te apetecieron y los libros en un idioma que llevas una década sin practicar.
Empezar por ahí tiene una ventaja: quita bastante volumen sin obligarte a ninguna decisión difícil, y deja la estantería en un estado en el que ya se puede mirar con calma lo demás.
Por dónde salen los libros
Colocarlos uno a uno es un trabajo mal pagado, así que conviene tener claras las opciones:
- Wallapop y Milanuncios, mejor por lotes por temas que ejemplar a ejemplar
- Las librerías de viejo y de segunda mano del barrio, llamando antes para ver qué compran o aceptan
- El rastro o el mercadillo, si te apetece hacer la mañana
- Cáritas, roperos parroquiales y asociaciones de barrio, preguntando primero si en ese momento admiten libros
- La caja de intercambio del portal, del centro cívico o de la cafetería de la esquina
- Las bibliotecas: muchas no aceptan donaciones generales, así que pregunta antes de aparecer con dos cajas
Los libros mojados, con moho o con las hojas comidas no valen para nadie y no hay que sentir culpa: van al contenedor azul, y si tienen tapas duras plastificadas o encuadernaciones raras, pregunta en el punto limpio de tu municipio cómo prefieren que se separen.
Y un aviso por experiencia ajena: si el montón de vender se queda en el suelo del pasillo, en dos semanas vuelve a la estantería. Ponle fecha. Lo que no se haya vendido para ese día se dona y punto.
Los que se quedan tienen que verse
La doble fila es cómoda y es el final de la historia de esos libros: lo que está detrás no existe. Si te caben en una sola fila, aunque sea repartidos por la casa, los vas a usar; si no, estás guardando, no teniendo una biblioteca.
Con los pendientes va bien darles un sitio pequeño y concreto, una balda corta o la mesilla, con los que de verdad te apetecen ahora. Cinco o seis, no cuarenta. Cuando terminas uno, entra otro desde la estantería. No es ninguna norma sagrada, es que un montón que cabe de un vistazo invita a coger algo, y una torre de treinta invita a coger el móvil.
Si el problema está en la entrada
Cuando cada mes llegan tres libros nuevos, ordenar la estantería es achicar agua. Sin drama ni propósitos solemnes, hay cosas que funcionan: apuntar los títulos en una lista en el móvil en vez de comprarlos en el momento, mirar antes si están en la biblioteca del barrio, y no comprar libros con la misma facilidad con la que se compra el pan, sobre todo en enero con las rebajas o en las ferias, que están pensadas justo para eso.
Si quieres hacer algo hoy y no tienes ganas de más, coge los tres libros de arriba de la pila de la mesilla y decide solo esos tres. Los de abajo seguirán ahí mañana, y para entonces ya sabrás cómo se hace.