La bolsa de cables: cuáles siguen sirviendo y cuáles no
Hay una bolsa, o una caja de zapatos, o un cajón entero, con veinte cables enredados entre sí. Cada vez que necesitas uno concreto lo desenredas todo, encuentras el que buscabas o no, y devuelves el nudo a su sitio. Nadie tira ninguno porque el miedo es siempre el mismo: en cuanto lo saques de casa aparecerá el aparato que lo pedía. La buena noticia es que identificar cables es de las tareas de orden más objetivas que existen, y se termina en una tarde.
Sácalos todos y ponlos en fila
Lo primero es dejar de trabajar dentro de la bolsa. Vacía todo encima de la cama o del suelo y separa los cables uno a uno, estirados y en paralelo, como si fueran cubiertos. Solo con eso ya verás dos cosas: cuántos son en realidad y cuántos están repetidos.
Repetidos hay siempre. Los cables de carga vienen con cada aparato nuevo, y las cajas de los aparatos que ya se fueron dejaron el suyo aquí.
Los que se identifican de un vistazo
Buena parte del montón se resuelve mirando el conector. Los cables de carga y datos actuales son casi todos USB-C en un extremo. Los micro-USB, más antiguos y estrechos, todavía sirven para mandos, lámparas y aparatos pequeños, aunque cada vez para menos. Los HDMI se reconocen por la cabeza ancha y plana, y son los de la tele. Los de red van con la clavija de plástico con pestaña. Los de audio, con el conector redondo tipo jack.
Con eso ya tienes agrupada la mayoría. Lo que no encaja en ningún grupo es lo que merece cinco minutos más de atención.
Los cargadores con transformador
Son las cajitas negras con clavija, y son los que llevan la respuesta escrita encima. En la carcasa hay letra pequeña con la marca, unas cifras de entrada y salida y muchas veces el modelo del aparato al que pertenecía. Si ahí pone el nombre de un portátil que vendiste hace años o de una impresora que ya no está en casa, la duda se acaba.
Un aviso práctico: que un conector encaje no significa que el cargador sea el adecuado. Si las cifras no coinciden con lo que pide el aparato, guíate por lo que indique el fabricante en lugar de probar a ver qué pasa.
La vuelta por casa
Para los que sigan sin identificar, hay un método directo y sorprendentemente rápido: coge el montón de dudosos y date una vuelta por la casa probándolos en todo lo que tenga un enchufe o una entrada. El altavoz, la báscula, el cepillo de dientes, la aspiradora de mano, el flexo del escritorio, la consola, la tablet vieja del cajón.
En veinte minutos, el montón se parte en dos. Lo que no ha encajado en nada y no lleva ninguna marca reconocible ya no es un cable de repuesto: es un cable de un aparato que no vive aquí.
Cuántos hacen falta de verdad
Aquí es donde suele haber una diferencia grande entre lo que se guarda y lo que se usa. Piensa por sitios: dónde cargas el móvil de noche, dónde lo cargas de día, qué te llevas de viaje, qué hay en el coche. Suele salir un número pequeño, más uno de repuesto por si uno falla.
Los cables sobrantes de un tipo que ya tienes cubierto no son seguridad, son bulto. Y los que están agrietados, con el plástico abierto o con la clavija floja no entran en la cuenta de repuestos: esos salen de casa sí o sí.
Guardarlos para que no vuelvan a ser un nudo
Lo que se queda cambia mucho si se guarda de pie en vez de amontonado. Enrolla cada cable, sujétalo con una goma o con una brida de velcro y ponlo vertical en una caja tipo archivador o en un organizador de cubiertos. Así se ve el conector de cada uno sin sacar los demás, que es justo lo que rompía el sistema anterior.
Y si escribes una palabra en una etiqueta pegada al cable, aunque sea a boli, te ahorras repetir toda esta tarde dentro de tres años. La etiqueta no tiene que ser bonita, solo tiene que existir.
Dónde se llevan los que salen
Los cables y los cargadores son residuo electrónico y no van al contenedor de la calle. Se llevan al punto limpio de tu ciudad, y en muchos sitios pasa además un punto limpio móvil por los barrios en días determinados. Bastantes tiendas de electrónica y grandes superficies tienen también su punto de recogida de aparatos y accesorios pequeños, que es cómodo si no tienes coche.
Si hay alguno útil y en buen estado, siempre hay alguien cerca al que le viene bien: en los grupos de vecinos del barrio los cables de carga desaparecen en cuestión de horas. Para el resto, mira lo que diga tu ayuntamiento sobre horarios y qué admite cada punto, porque no todos aceptan lo mismo.