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Otra tira de luces más: cómo dejar de comprar lo mismo

Hay una escena que se repite casi todos los años a finales de noviembre: sacas las cajas del trastero, montas el árbol, enchufas las luces y una de las tiras no da señales de vida. Como quedan cuatro días y no hay tiempo de investigar, se compra otra. En enero, cuando se desmonta todo, la tira nueva y las dos viejas acaban en la misma caja, y el año siguiente vuelve a pasar exactamente lo mismo. El punto en el que esto se arregla no es en diciembre, es en el momento de guardar.

Se apunta al desmontar, nunca al montar

Cuando montas, tienes prisa, ilusión y a alguien esperando. Cuando desmontas, en cambio, tienes todo fuera, ya sabes qué ha funcionado y qué no, y el ambiente es de resignación tranquila. Ese es el momento en el que una lista se escribe sola.

Basta con una hoja o una nota en el móvil mientras metes cosas en la caja. Lo que se apunta ahí vale para el año que viene entero. Lo que se apunta en noviembre, con el árbol a medias, no se apunta.

Lo que de verdad se compra dos veces

La decoración cara —el árbol, las figuras buenas, la corona de la puerta— casi nunca se duplica, porque se ve y se recuerda. Lo que se compra otra vez son las cosas pequeñas y aburridas:

  • Tiras de luces, sobre todo las de interior, y los alargadores o ladrones que hacen falta para enchufarlas.
  • Pilas para las velas o las figuras que se iluminan.
  • Ganchos, hilo, alambre y cinta adhesiva de la buena para colgar sin dejar marca.
  • Papel de regalo, lazos, celo y tarjetas, que sobran cada año y se compran igual.
  • Bolas y adornos sueltos para reponer los que se rompen.

De cada uno solo hace falta un número aproximado y en qué caja está. Nada de detalle: cuántas tiras de luces hay, cuáles funcionaban en enero y dónde están.

Las luces merecen dos palabras extra

Al guardarlas, pruébalas enchufándolas una última vez y escribe con un trozo de esparadrapo pegado al cable si van bien o no. Las que no van, no las guardes «para mirarlas»: las tiras de luces son residuo eléctrico y van al punto limpio o a los puntos de recogida de las tiendas grandes de electrónica. Si tu ciudad tiene punto limpio móvil, mira qué días pasa por tu barrio.

Y apunta si son de interior o de exterior, y de qué largo son. Es el dato que falta siempre a la hora de decidir si llegan a la barandilla de la terraza o hay que hacer un apaño con un alargador.

El belén se cuenta por piezas frágiles

El belén tiene su propia lógica. Las figuras son de barro o de escayola, se astillan, y cada año aparece una oveja sin pata. Lo que compensa anotar aquí no es el número total, sino las piezas que hay que envolver con cuidado, las que ya están rotas y las que faltan: el Rey que se cayó, la mula que se quedó sin oreja.

Si el belén es familiar y viene de tus padres o de tus abuelos, añade una línea con eso también. Cuando alguien en casa tiene que decidir qué se queda y qué no, saber de dónde viene cada figura cambia por completo la conversación.

Una caja por zona, no por tipo

Es tentador ordenar por categorías: una caja de bolas, otra de luces, otra de figuras. En la práctica funciona mejor por zonas de la casa: la caja del árbol, la caja del salón, la caja de la entrada y el balcón, la del belén. Así, montar es sacar una caja y terminar esa zona, en lugar de tener las cuatro abiertas a la vez en mitad del pasillo.

Numera las cajas por fuera, en dos caras, y que tu lista use esos números. Es lo único que hace que la lista siga siendo útil cuando las cajas estén apiladas en el trastero con otras cosas encima.

Después de Reyes entra otra tanda

El día 6 no es solo el final de la Navidad: es el momento del año en que más cosas nuevas entran en casa de golpe. Regalos, envoltorios, cajas, y a los pocos días las rebajas de enero con la decoración a mitad de precio, que es cuando se compran las luces que ya no hacen falta.

No hay que renunciar a nada de eso. Basta con desmontar antes de comprar. Si has apuntado en enero qué tienes, la decisión en las rebajas la tomas con el dato delante, y muchas veces la respuesta acaba siendo que este año lo que hace falta son ganchos, no otra tira de luces.

Lo que ya no se monta

En casi todas las cajas hay adornos que llevan años sin salir: los que no pegan con el árbol actual, los que sobraron de una época con otra casa, los que nunca gustaron. Sácalos y decide la salida en ese momento, con la caja todavía abierta.

Los adornos en buen estado se donan sin problema en Cáritas, en Cruz Roja o en el ropero de la parroquia, y en enero suelen agradecerlo. Lo que esté roto o sea plástico deteriorado, al contenedor que corresponda según lo que diga tu ayuntamiento. Y si algo se queda porque tiene historia detrás, que se quede: pero que se quede porque lo has decidido, no porque haya vuelto a la caja sin que nadie lo mirara.