Qué anotar de tu casa por si algún día tienes que dar un parte
Un inventario para el seguro no es una lista de todo lo que hay en tu piso. Es una lista corta de las cosas que te costaría demostrar y sustituir si una noche el vecino de arriba te inunda el salón o si entra alguien en casa mientras estás en el pueblo. La diferencia importa: la lista completa nunca se termina, y la lista corta se hace en una tarde y se mantiene. Lo que sí conviene tener claro desde el principio es que qué cubre tu seguro y con qué condiciones no lo decide una guía como esta, sino tu póliza y tu compañía. Llama y pregúntalo antes de darle valor a ninguna suposición.
Lo que entra en la lista lo marca tu póliza
Cada contrato de hogar es distinto y cada compañía pide cosas distintas cuando hay un siniestro. Hay pólizas que tratan aparte determinados objetos, otras que piden que ciertas cosas estén declaradas de antemano, otras que hacen preguntas concretas sobre cómo estaban guardadas. Nada de eso se puede adivinar desde fuera.
Por eso, el primer paso no es abrir un documento y empezar a escribir, sino coger el teléfono o el correo de tu aseguradora y preguntar dos cosas: qué documentación les sirve para acreditar un objeto y si hay algo que quieran saber por adelantado. Con esa respuesta, el inventario que hagas será útil de verdad. Sin ella, estarás haciendo deberes que a lo mejor no valen para nada.
Empieza por lo caro y por lo difícil de demostrar
El inventario útil cabe en una hoja. Piensa en qué tendrías que reponer y en qué no podrías probar de memoria: el ordenador y el portátil de trabajo, los móviles, la tele, la bici buena que duerme en el trastero, la cámara, la consola, la máquina de coser de tu abuela, las joyas, el instrumento, las herramientas del garaje.
También hay una categoría que la gente olvida siempre: lo que compraste hace poco y a plazos, o lo que llegó como regalo caro y no tiene factura tuya. Y los electrodomésticos grandes, que individualmente parecen aburridos pero juntos son mucho dinero: nevera, lavadora, horno, campana.
No hace falta que apuntes los vasos, los libros ni la ropa pieza a pieza. Para esas cosas basta con fotos generales de cada armario y cada estantería, que dan idea del volumen sin volverte loco.
Qué anotar de cada objeto
Con cuatro datos por objeto vas sobrado, y precisamente porque son cuatro conseguirás terminarlo:
- Qué es, con marca y modelo tal como aparece en el aparato.
- El número de serie, si lo lleva: está en una pegatina detrás, debajo o dentro del compartimento de la batería.
- Cuándo y dónde lo compraste, aunque sea aproximado, y lo que costó.
- Una foto del objeto y, si la tienes, la factura o el correo de confirmación de la compra.
Las facturas de compras por internet suelen estar en el correo electrónico. Buscar por marca en el buzón y guardar los PDF en la misma carpeta que las fotos es probablemente el cuarto de hora mejor invertido de todo el proceso. En las tiendas físicas, el tique térmico se borra con el tiempo, así que la foto del tique el mismo día vale más que el papel.
El vídeo de cinco minutos por habitación
Hay un atajo que funciona muy bien y que casi nadie hace: grabar un vídeo con el móvil recorriendo la casa despacio, habitación por habitación, abriendo armarios y cajones. Cinco minutos en total.
No sustituye a la lista de lo caro, pero cubre todo lo demás: demuestra que el sofá existía, que la terraza tenía ese toldo, que el trastero estaba lleno de cajas y no vacío. Si algún día hay que reconstruir de memoria lo que había en el salón, ese vídeo es infinitamente mejor que tu recuerdo tres semanas después del susto, cuando además estarás pensando en veinte cosas más.
Grábalo con buena luz de día y ve nombrando en voz alta lo que enfocas. Repetirlo una vez al año, o después de una mudanza o una compra grande, es suficiente.
La lista no puede vivir solo en casa
Este es el fallo que arruina el trabajo entero: un inventario impecable guardado en una carpeta encima del escritorio, o en el disco duro del ordenador que está justo debajo de la gotera. Si el problema que te hace necesitar la lista es un incendio, una inundación o un robo, la lista se va con lo demás.
Guarda una copia fuera: en el correo electrónico, en la nube que ya uses, en un disco pequeño en casa de tus padres o en el trastero de tu hermana. Y comprueba una vez que puedes abrirla desde el móvil sin depender del ordenador de casa, porque en ese momento no vas a tener ni ordenador ni ganas de recordar contraseñas.
Mantenerlo vivo sin convertirlo en un proyecto
La razón por la que estos inventarios se abandonan es que se hacen demasiado detallados. Una lista de cuarenta objetos importantes se actualiza en diez minutos; una de cuatrocientos no se actualiza jamás y a los dos años miente.
Una rutina realista: cada vez que compres algo caro, guarda la factura en esa carpeta y añade una línea. Y una revisión anual, si quieres asociada a algo que ya haces, como cuando te llega el recibo del seguro. En esa revisión, además, es buen momento para volver a preguntarle a tu compañía si algo ha cambiado en tu póliza; ellos te dirán lo que aquí no se puede afirmar.