Kept

Inicio / Guías

El trastero se traga las cosas: cuatro categorías que sí conviene anotar

En un piso normal no hay sótano ni desván: hay trastero en el garaje o en el bajo, y hay altillo encima de los armarios. Son los dos sitios donde acaba lo que no sabías dónde poner, y también los dos únicos sitios de la casa donde puedes tener algo durante seis años sin verlo una sola vez. Por eso ahí sí compensa una lista, aunque en el salón no haga falta ninguna. Con anotar cuatro tipos de cosas —lo voluminoso, lo caro, lo que se estropea y lo que es de otro— ya dejas de tener un agujero negro.

El trastero hace de sótano, de desván y de habitación de invitados

Lo que en otros países se reparte entre tres espacios, aquí se concentra en dos o tres metros cuadrados con una puerta metálica. Ahí caben las maletas, la sombrilla, el árbol de Navidad, las cajas de la mudanza anterior, la trona del niño que ya tiene nueve años y una silla que había que arreglar. Y encima, en el altillo del armario, lo mismo pero en pequeño: mantas, la ropa de la otra estación, cajas de zapatos con cosas dentro que nadie recuerda.

El mecanismo es siempre el mismo. Guardas algo para no decidir en ese momento, cierras la puerta y la decisión desaparece de tu cabeza. No es dejadez: es que el trastero está fuera de la ruta diaria. Nadie pasa por delante de su trastero de camino a la cocina.

De ahí que la lista sirva para lo contrario que en el resto de la casa: no la haces por gusto, la haces para que esas cosas vuelvan a existir.

La regla corta: sólo cuatro categorías

Si intentas anotar todo lo que hay dentro, no acabas. Las cajas de cables, los libros del instituto y las cortinas viejas se llevan la tarde entera y no aportan nada. Estas cuatro sí:

  • Lo voluminoso: muebles, colchones, la bici, el carrito, la maleta grande. Son las cosas que deciden si cabe algo más y las que más cuestan de sacar el día que toque.
  • Lo caro: herramienta eléctrica, instrumentos, la cámara, la tabla de paddle surf, cualquier cosa que si desaparece te duela de verdad.
  • Lo que caduca o se degrada: pintura, disolventes, garrafas, productos de limpieza, comida en conserva, pilas, cosas con gomas o adhesivos.
  • Lo que no es tuyo: las cajas de tu hermano, lo de la casa del pueblo, lo que dejó un amigo «hasta que se mude».

Con esas cuatro, una línea por cosa y dónde está exactamente (estantería izquierda, arriba; caja azul del fondo), ya tienes casi todo lo que te daría un inventario completo, con una parte pequeña del trabajo.

La humedad y los bichos deciden por ti

Un trastero de garaje suele ser húmedo, y un trastero en el bajo de un edificio antiguo, más. La ropa guardada en cajas de cartón coge olor, el cartón se ablanda, los libros se ondulan y a veces aparecen manchas que ya no se van. En el altillo el problema es otro: calor y polillas en la ropa de lana.

Esto tiene una consecuencia práctica al hacer la lista: cuando anotes algo textil, de papel o de madera, anota también en qué está metido. Si la respuesta es «en la caja de la mudanza de 2019», ya sabes que eso hay que revisarlo pronto, no dentro de tres años. Las cajas de plástico con tapa cuestan poco y resuelven bastante, y conviene guardar arriba lo delicado y abajo lo que da igual que se moje.

Las cosas de otras personas

Esta categoría merece línea propia porque es la que más conflictos genera. Guardar cajas de un hermano, de un ex o de los padres cuando se vendió la casa del pueblo empieza siendo un favor de dos meses y termina siendo una parte fija del trastero.

No hace falta ponerse serio: basta con que esté anotado de quién es cada cosa y desde cuándo está ahí. Esa fecha hace sola la conversación. Es mucho más fácil escribir a tu hermano diciéndole que sus cuatro cajas llevan desde la mudanza de hace tres años que decirle en abstracto que te está ocupando espacio.

Lo que puede pedirte el seguro

Si alguna vez hay una avería de agua, un robo en el garaje o un incendio, lo que te van a pedir es que demuestres qué había. Ahí, las fotos y los tiques valen más que cualquier lista escrita a mano. Haz un par de fotos generales con la puerta abierta y fotos sueltas de lo caro, con el número de serie si se ve.

Sobre qué cubre exactamente tu póliza en un trastero —si está incluido, si va aparte, si hay límite por objeto—, eso cambia de una compañía a otra y de un contrato a otro. Lo sensato es llamar a tu aseguradora y preguntarlo con tu póliza delante, en lugar de dar por hecho lo que te suena. Y guarda esas fotos fuera de casa, en el correo o en la nube: si el problema le pasa a la vivienda, no querrás que la única copia estuviera dentro.

Una tarde, con la puerta abierta

El trastero no se ordena por dentro, porque no cabes. Lo que funciona es sacar tres o cuatro cosas al pasillo del garaje, decidir esas y volver a meter lo que se queda, colocado en la lista. Media hora un sábado, dos o tres veces al año, mantiene el espacio bajo control sin que sea un proyecto.

Y si aparece algo que llevas años sin usar y no tiene salida clara, apúntalo igual. Saber que está ahí ya es un paso; decidirlo puede esperar.