Móviles viejos, cables y el portátil del cajón: por dónde salen
En el cajón de casi cualquier casa hay dos móviles antiguos, un cargador que no se sabe de qué es y unos auriculares con un cable pelado. Y en el altillo, seguramente, un portátil que iba lento y una tele que se cambió por otra. Lo primero no es decidir si se van: es borrar lo que hay dentro, porque un móvil viejo tiene más información tuya que cualquier papel de la casa. Después, cada cosa tiene su camino, y ninguno de ellos es el cubo de basura de la cocina.
Primero los datos, después todo lo demás
Un móvil que llevas tres años sin encender sigue teniendo fotos, conversaciones, el correo abierto y probablemente la sesión del banco. Un portátil guarda contraseñas del navegador y documentos que ya ni recuerdas. Antes de venderlo, regalarlo o llevarlo al punto limpio, hay que dejarlo vacío.
Con el móvil, el orden es: cargarlo, sacar lo que quieras conservar, cerrar sesión de la cuenta de Google o de Apple y luego restablecer de fábrica. Ese paso de cerrar sesión importa, porque si no la siguiente persona se encuentra el aparato bloqueado y tú te quedas con un problema que no esperabas. Quita también la tarjeta SIM y la de memoria, que se olvidan siempre.
Con un ordenador, si te sientes cómodo, lo limpio es quitar el disco duro y quedártelo o destruirlo; si no, un formateo completo y cerrar sesiones. Y si el aparato no enciende y va al punto limpio, saca el disco igual: nadie va a mirarlo, pero cuesta cinco minutos y te ahorra la duda.
Lo que funciona y lo que no van por caminos distintos
Un aparato que arranca y hace su trabajo tiene mercado, aunque a ti te parezca antiguo. Los móviles de hace tres o cuatro años se venden bien en Wallapop, y también los portátiles, los monitores, las consolas y las cámaras. Si te da pereza el regateo, hay tiendas y programas de recompra que te dan menos dinero pero sin trámite; y está el grupo de vecinos, donde un móvil que funcione desaparece en una tarde.
Si funciona pero no vale gran cosa, donarlo tiene sentido: hay asociaciones de barrio y entidades como Cáritas o Cruz Roja que aceptan según el momento y lo que necesiten, así que lo mejor es preguntar antes de presentarte con una caja. Un ordenador que sirve para hacer deberes le arregla el curso a alguien.
Y si no enciende, si la pantalla está rota o si la batería se hincha, deja de darle vueltas al valor. Eso ya no es un objeto que vender, es residuo, y tiene su circuito.
Baterías, pilas y pantallas no van a la basura
Esto no es una cuestión de buenas intenciones: una batería de litio aplastada en un camión de basura puede arder. Las pilas tienen su contenedor en muchos supermercados y estancos, y los aparatos completos se llevan al punto limpio del municipio, fijo o el móvil que aparca algunos días por el barrio.
Hay otra vía que mucha gente no usa y que es la más cómoda: las tiendas grandes de electrónica y electrodomésticos recogen el aparato viejo. Normalmente lo aceptan cuando compras uno equivalente, y en el caso de los pequeños suelen tener un contenedor a la entrada. Si vas a comprar una lavadora o una tele, pregunta al pedirla si se llevan la vieja, porque el día de la entrega es la única ocasión en que alguien sube y baja ese peso por ti.
Para lo grande que no vas a reemplazar, la vía es la recogida de enseres o voluminosos del ayuntamiento, que casi siempre exige pedir cita. Dejarlo al lado del contenedor no cuenta como reciclar y en muchos sitios es motivo de multa.
«Lo guardo por si acaso, como repuesto»
Es la frase que mantiene vivos los cajones. Suena razonable, y de hecho a veces se cumple: un móvil de reserva es útil si viajas, si trabajas de cara al público o si en casa hay alguien que rompe pantallas cada seis meses.
Pero conviene ser honesto con el plazo. Un móvil de repuesto guardado dos años ya no recibe actualizaciones, tiene la batería muerta de estar descargado y, el día que lo necesitas de verdad, no arranca. Los aparatos electrónicos no envejecen como una manta: envejecen aunque no los uses.
Una regla que funciona sin ser rígida: un repuesto por categoría, y sólo si está cargado y probado. Si tienes tres móviles viejos en el cajón, el de reserva es el mejor de los tres; los otros dos ya son residuo con nostalgia.
La caja de los cables
Todas las casas tienen esa caja. La forma rápida de vaciarla es no intentar identificar cada cable: coge los aparatos que sí usas, empareja sus cargadores, deja un par de cables comunes de repuesto y el resto sale entero. Los cables sueltos de aparatos que ya no existen no van a encontrar dueño nunca.
Los cargadores y cables también son residuo electrónico, así que van al punto limpio o al contenedor de la tienda, no a la basura del bajo. Si te queda alguno bueno y actual, en el grupo del portal se lo lleva alguien en cinco minutos.
Media hora un sábado
Empieza sólo por el cajón, no por el altillo. Enchufa los móviles antiguos a cargar mientras desayunas, míralos cuando tengan batería, guarda lo que quieras y bórralos. Con eso ya has hecho la parte que da pereza.
El resto es un trayecto. Una bolsa con lo que va al punto limpio, en el maletero, y sale sola el día que tengas que ir a cualquier otro sitio.