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Toallas y sábanas: cuántas necesitas de verdad en casa

Abres el armario de la ropa de casa y la pila se te viene encima. Hay toallas que raspan, otras con el borde deshilachado, sábanas bajeras que ya no ajustan del todo y fundas de almohada de juegos que perdieron su sábana hace años. Nadie compró todo eso a la vez: llegó por goteo, en rebajas, en mudanzas y en regalos, y nadie ha sacado nunca nada porque una toalla vieja no parece un problema. Sumadas, ocupan uno de los espacios más útiles de la casa.

Primero contar, que es más revelador que ordenar

Saca todas las toallas y ponlas en montones por tipo: de ducha, de manos, de bidé, de playa. Haz lo mismo con las sábanas, agrupando por medida de cama. La cuenta suele ser bastante más alta de lo que nadie diría, y esa cifra sola ya empieza a resolver el asunto.

Es una tarea que cabe en una mañana de sábado y que se puede parar a la mitad sin dejar la casa patas arriba, porque todo vuelve al mismo sitio.

Cuántas se usan realmente

Para las toallas, la cuenta práctica va por persona: la que está en uso, la de repuesto mientras se lava la otra, y poco más. A eso se le suma un pequeño juego para invitados, que en la mayoría de las casas se usa unas cuantas veces al año, no cada semana.

Con las sábanas pasa igual: un juego puesto y otro limpio por cama cubre la vida normal. El tercer juego tiene sentido si en tu casa hay niños pequeños o si la lavadora tarda en secarse en invierno. A partir de ahí, lo que hay es reserva por si acaso, y la reserva ocupa una balda entera todo el año.

Bajar de categoría en vez de tirar

Aquí está la salida más cómoda, y es la que casi nadie aplica de forma consciente. Una toalla que ya no apetece para la ducha sigue siendo excelente para otras cosas: para la playa o la piscina, para el gimnasio, para secarle las patas al perro cuando vuelve de la calle con barro, para poner debajo del cesto de la ropa mojada, para el coche.

El truco es que ese descenso se haga de verdad y no de mentira. Si la toalla de retiro se queda en la misma pila que las buenas, dentro de un año no habrás ganado nada. Mételas en otro sitio, en una bolsa aparte en el cuarto de la lavadora o en la balda de abajo, y que la pila buena quede solo con las buenas.

Las sábanas descabaladas

Las bajeras que ya no ajustan porque las gomas se han dado de sí no se recuperan y hacen la cama peor cada noche; esas se van sin discusión. Las fundas de almohada sueltas, en cambio, se aprovechan mucho: sirven para guardar dentro el resto del juego de sábanas, que es la forma más sencilla de que los juegos no vuelvan a mezclarse en el armario.

Una sábana grande sin pareja también es una funda estupenda para tapar muebles cuando pintas, para envolver ropa de temporada en el trastero o para llevarla al campo.

Trapos, pero con criterio

Convertir textil viejo en trapos es sensato hasta que se convierte en una excusa. Nadie necesita cuarenta trapos. Corta unos cuantos del tamaño de un paño de cocina, quítales la costura gruesa del borde para que absorban mejor y guárdalos donde limpies. Cuando tengas los que caben en ese sitio, ya está: el resto sale de casa.

Las protectoras de animales: llamar antes

Es el destino que más se recomienda para toallas y mantas viejas, y con razón, porque en las protectoras y en algunas clínicas veterinarias se usan a diario. Pero conviene decirlo claro: no todas aceptan, no siempre tienen sitio y hay épocas en las que están desbordadas de material.

Así que la acción concreta no es cargar el coche, es escribir o llamar antes preguntando qué necesitan ahora mismo y en qué estado lo aceptan. Muchas piden que esté limpio y sin cremalleras ni botones, y algunas prefieren mantas a toallas. Preguntar te ahorra un viaje y les ahorra a ellas un problema.

Donación y contenedor de ropa

El textil en buen estado se puede llevar a Cáritas, a Cruz Roja, a Humana o al ropero de tu parroquia, y las sábanas y toallas decentes son bienvenidas en muchos sitios porque hacen falta constantemente. Lo que está deteriorado no va a la basura normal: se recicla como residuo textil, y para eso están los contenedores de ropa de la calle y el punto limpio.

Cada municipio lo organiza a su manera, así que mira lo que diga tu ayuntamiento sobre qué admite cada contenedor. Lo que sí es común a todos: mete el textil en bolsas cerradas y seco, porque mojado se estropea y arruina lo que tiene al lado.

La próxima vez

Las toallas entran en casa sobre todo en rebajas, en enero y en verano, cuando están a buen precio y parece que nunca sobran. Si el armario ya va justo, esa es exactamente la temporada en la que conviene mirar primero la balda y después el escaparate.