No se te olvida: es que no lo estás viendo
Abres el cajón hondo de la cocina buscando unas tijeras y aparecen tres rollos de cinta de embalar. En el mueble del recibidor hay dos paquetes de bridas sin abrir. En el baño, cuatro cremas de manos idénticas. Y todas las veces la reacción es la misma: pensar que se te va la cabeza. Casi nunca es eso. Lo que falla no es tu memoria, es que hay zonas de tu casa donde las cosas dejan de existir en el momento exacto en que entran.
Lo que no se ve deja de existir
Nadie recuerda un inventario, todo el mundo recuerda imágenes. Recuerdas que tienes aceite porque lo ves cada día encima de la encimera. No recuerdas las bombillas porque están en una caja opaca, en el altillo, detrás de las maletas.
Por eso el altillo, el fondo de los armarios empotrados, el trastero y las cajas cerradas funcionan como agujeros. No es que guardes mal: es que la vista es la que hace casi todo el trabajo de recordar, y ahí no llega. Un cambio pequeño que se nota mucho: cajas transparentes o, si son opacas, el contenido escrito en el lateral que queda hacia fuera, no en la tapa que nadie ve.
Las cosas sin sitio fijo no se recuerdan: se buscan
Hay objetos que en tu casa tienen dirección postal y otros que van de sitio en sitio. Las tijeras, la cinta aislante, el cargador del móvil, el destornillador de estrella y el celo son los sospechosos habituales de la segunda categoría.
Cuando un objeto no tiene sitio, cada vez que lo necesitas empieza una búsqueda, y las búsquedas se abandonan rápido. A los cinco minutos compras otro, que a su vez tampoco tendrá sitio. Así se llega a tres rollos de cinta. Darle una casa a esas cinco o seis cosas conflictivas, aunque sea una caja fea en el mueble del pasillo, corta el ciclo de golpe.
Compras en un momento y usas en otro
Hay una separación física que explica muchísimos duplicados. Compras tumbado en el sofá con el móvil, o en el pasillo del supermercado, o en una tienda de camino a otro sitio. Y usas en la cocina, en el trastero, en el balcón, en el garaje.
En el momento de comprar no tienes delante el armario, así que decides con lo que recuerdas, que es poco y optimista. La solución no es acordarse mejor: es acercar los dos momentos. Mirar el armario antes de salir, o apuntar en el móvil lo que falta mientras lo ves, funciona mucho mejor que confiar en la memoria de pasillo.
Las categorías que más se duplican
No se duplica todo por igual. Casi siempre son cosas baratas, pequeñas, que se guardan fuera de la vista y que hacen falta con urgencia justo cuando no están.
- Pilas, bombillas y cargadores
- Bridas, celo, cinta de embalar, tornillos
- Especias, levadura, caldos y latas de reserva
- Cremas, geles y desodorantes del armario del baño
- Papel de regalo, bolsas y velas de cumpleaños
- Calcetines negros y ropa interior
Si te reconoces en dos o tres de esas líneas, ya sabes por dónde empezar, porque el problema no está repartido: está concentrado en muy pocos sitios de la casa.
El trastero y la casa del pueblo
Hay dos espacios donde el olvido es prácticamente total. El trastero, porque hay que bajar a propósito y con la llave, y la casa del pueblo o el garaje de tus padres, porque solo vas dos veces al año y nunca con la cabeza puesta en eso.
Lo que ahí se guarda se convierte en desconocido en menos de un año. Es la razón por la que hay gente que compra un taladro teniendo dos, y por la que aparecen tres cafeteras cuando por fin se vacía. Con esos espacios, lo único que funciona es no fiarse: si no está escrito en algún sitio, no cuentes con recordarlo.
Etiqueta el contenedor, no el objeto
Aquí está el cambio que da más resultado por menos esfuerzo. No hace falta apuntar cosa por cosa; basta con que sepas qué hay en cada bulto grande.
Cuatro cajas del trastero con una frase escrita fuera, del tipo material de esquí, ropa de bebé, cables y aparatos, decoración de Navidad, ya te evitan la mayoría de las compras repetidas y también la mayoría de los ratos perdidos buscando. Es un trabajo de una tarde que dura años, y no requiere que mantengas nada al día.
Una lista corta, donde la vayas a mirar
Si quieres dar un paso más, la clave no es la lista, es dónde vive. Una lista preciosa en un cuaderno del cajón no la vas a mirar en el supermercado. Tiene que estar donde estás tú cuando decides comprar, y hoy eso significa el móvil o un papel pegado en la puerta de la despensa.
Y que sea corta. Cuatro categorías conflictivas anotadas y revisadas de vez en cuando aguantan; un inventario completo de la casa se abandona en dos semanas y encima te deja la sensación de haber fracasado en algo que no hacía falta.
Empieza por la que ya te ha pillado dos veces
No intentes arreglar toda la casa con esto. Coge la categoría concreta en la que ya has comprado repetido más de una vez, la que te hizo reírte solo la última vez que abriste ese cajón.
Júntalo todo en un sitio, mira cuánto hay de verdad y déjalo donde se vea. Con una sola categoría bien resuelta se nota el cambio la próxima vez que estés en la ferretería a punto de comprar bridas otra vez, que es exactamente donde querías notarlo.