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El cajón desastre y por qué se vuelve a llenar solo

Lo abres para buscar un boli que pinte y te encuentras dos mecheros sin gas, el mando de un aparato que ya no tienes, cuatro llaves Allen sueltas y un cable blanco enrollado con una goma del pan. Cierras el cajón, coges un boli del bolso y sigues con lo tuyo. Mañana lo volverás a abrir para lo mismo. Ese cajón existe en casi todas las casas, y no es la prueba de que lo hagas mal: es lo que ocurre cuando muchas cosas pequeñas no tienen un sitio propio y alguien tiene que dejarlas en alguna parte.

Por qué se llena solo

Ese cajón funciona como una sala de espera. Llega algo del bolsillo del abrigo, un tornillo que sobró al montar la estantería, una llave que venía con el candado, un folleto que igual hace falta. Dejarlo ahí cuesta dos segundos; decidir dónde va de verdad cuesta un minuto largo y a veces obliga a levantarse. Multiplica esa diferencia por dos años de vida normal y tienes el cajón exactamente como está.

Lo interesante es que el cajón no es el fallo. Es el síntoma de que hay una lista de objetos en tu casa que no tienen dirección postal. Mientras no se la des, vaciarlo solo sirve para que vuelva a llenarse con los mismos sospechosos.

Vaciarlo entero, encima de la mesa

La única manera que funciona es sacar el cajón completo y volcarlo sobre un trapo en la mesa de la cocina. Nada de ir sacando cosas de una en una: dentro del cajón las piezas se tapan unas a otras y el fondo no se ve nunca, por eso llevas meses sin enterarte de lo que hay.

Es una tarea de veinte o treinta minutos, no de una tarde. Y es de las pocas que se pueden terminar de verdad el mismo día, así que va bien hacerla cuando tienes poca energía para decisiones grandes.

Las familias que siempre salen

Cuando lo tienes todo a la vista, casi siempre aparecen los mismos grupos: cosas de escribir, herramienta suelta y tornillería, pilas y cables, papeles pequeños (garantías, tickets, tarjetas de visita) y una última categoría que es la que da problemas, la de los objetos sin dueño.

Empieza por lo fácil, que además da impulso. Coge una hoja y prueba todos los bolis y rotuladores de golpe. Un boli que no pinta no tiene ningún debate posible y en cinco minutos se va media montaña. Las pilas, aparta las que estén sueltas: si no sabes si tienen carga, tratarlas como gastadas es más sensato que volver a meterlas al cajón para repetir la duda dentro de un año.

Las llaves y los mandos que no son de nada

Esta es la parte que la gente aplaza y la que más sitio libera. Junta todas las llaves sueltas en un puñado y date una vuelta por casa probándolas: la puerta del trastero, el buzón, el candado de la bici, la ventana de la terraza, la maleta que está encima del armario. Con los mandos igual, uno por uno delante de los aparatos que tienes ahora.

Lo que no abre ni enciende nada después de esa vuelta ya tiene respuesta. Y a lo que sí sirve conviene ponerle una etiqueta pequeña, aunque sea un trozo de cinta de carrocero con una palabra escrita; es lo que evita que dentro de dos años vuelva a ser una llave misteriosa.

Lo que no vuelve a entrar

De ese montón hay cosas que no van a la basura normal. Las pilas tienen su propio contenedor, y suele haber uno en el supermercado del barrio o en dependencias municipales. Los cables, cargadores y aparatitos pequeños son residuo electrónico y se llevan al punto limpio; en muchas ciudades pasa además un punto limpio móvil por barrios en días fijos. Si aparecen medicamentos sueltos, esos van a la farmacia, al punto SIGRE, y lo que valga o no valga se decide por lo que indique el envase y por lo que te diga el farmacéutico, no por su aspecto. Para el resto, mira lo que diga tu ayuntamiento, porque las normas cambian bastante de un municipio a otro.

El cajón no era el problema: faltaban sitios

Cuando ordenes lo que se queda verás que buena parte estaba ahí porque su casa real no existe. Si aparecen destornilladores y tacos, hace falta una caja de herramientas de verdad, aunque sea de plástico y pequeña. Si salen garantías y manuales, hace falta un sobre o una carpeta donde vayan siempre. Si aparecen tornillos de repuesto de tres muebles distintos, una caja pequeña con una etiqueta resuelve para siempre esa categoría.

Es media hora más de trabajo y es la parte que hace que la próxima vez el cajón tarde años en volver al mismo estado, en lugar de semanas.

Quédate con un cajón de cachivaches

No hay que suprimirlo. Un sitio donde dejar lo pequeño sin decidir es útil y evita que esas cosas se repartan por toda la casa. Lo que cambia el resultado es ponerle dos condiciones sencillas: que todo quepa sin apretar y que el cajón cierre sin empujar con la cadera.

Una bandeja de cubiertos vieja o unas cajitas de cartón recortadas separan por familias y evitan el revoltijo. Y cuando el cajón deje de cerrar solo, esa es la señal para repetir el volcado. No hace falta apuntarlo en ningún sitio ni marcarlo en el calendario: el propio cajón te avisa.