Cajas de fotos en papel: qué escanear y qué no
En el altillo hay una caja de zapatos con sobres de revelado todavía cerrados con la gomita del laboratorio. Debajo, dos álbumes de esos de páginas adhesivas con el plástico amarillo y despegado. Y en algún sitio, una bolsa de negativos. Nadie mira nada de eso desde hace años, pero tampoco se tira, porque son fotos y las fotos tienen una categoría aparte en la cabeza de todo el mundo. Se puede ordenar sin traicionar a nadie, y desde luego sin escanearlo todo.
Empieza por una caja, no por «las fotos»
Plantearlo como el proyecto de tu vida fotográfica garantiza que no empiece nunca. Elige una caja concreta, la que tengas más a mano, y trabaja solo con ella. Si termina, bien; si no, la dejas y no ha pasado nada.
Ponte en la mesa del comedor con luz buena y sin prisa, y con una bolsa al lado para lo que salga. Es una tarea que se disfruta más de lo que parece, siempre que no la conviertas en una obligación con plazo.
Los duplicados del revelado
Aquí está el volumen de verdad, y es la parte menos dolorosa de todas. Durante años los laboratorios revelaban con copia doble por costumbre, así que hay carretes enteros repetidos dos veces. Y dentro de cada carrete hay cuatro fotos casi iguales de la misma escena, más las tres que salieron oscuras, movidas o con el dedo delante.
Quitar duplicados y fallos no requiere ninguna decisión emocional y suele reducir la caja a la mitad. Es el mejor sitio por donde entrar, porque en media hora se nota.
Cómo se elige sin mirar cada una
Para lo que queda, ir foto a foto preguntándote si es importante es agotador y acaba en parálisis. Funciona mejor tener tres o cuatro criterios sencillos y aplicarlos rápido: que se distinga quién sale, que ese momento no esté ya contado por otras diez fotos casi idénticas, y que la foto tenga algo que la sitúe, una casa, un coche, una calle, una época.
Los paisajes sin nadie dentro son los que menos aguantan el paso del tiempo. La foto del acantilado que hiciste en el noventa y seis probablemente no te dice nada hoy; la de tu madre en la cocina del pueblo, sí, aunque esté peor encuadrada.
Hay fotos que no son tuyas
En estas cajas siempre aparecen fotos de bodas ajenas, de primos, de gente que ni identificas. Antes de decidir sobre ellas, merece la pena hacer dos montones: lo que te toca a ti y lo que le toca a otro.
Pasar un sobre a un hermano o a un primo es de las cosas que mejor sientan de todo esto. Para las de gente que no reconoce nadie, pregunta primero a quien pueda saberlo, y si nadie las reconoce, se pueden ir con la conciencia tranquila.
Escanear no es escanearlo todo
Digitalizar es útil por una razón muy concreta: lo digital se puede copiar y compartir, y así una foto deja de estar en un único ejemplar en una caja. Pero escanear cientos de fotos es un trabajo largo que casi nadie termina, y una carpeta con mil archivos sin ordenar tampoco se mira nunca.
El punto razonable es escanear una selección: las que quieras mandar a la familia, las de las personas que ya no están, las de tu infancia. Si son muchas, existen servicios que digitalizan por lotes. Y las que se escanean no dejan por eso de existir en papel, salvo que decidas otra cosa.
Negativos, diapositivas y álbumes despegados
Los negativos solo sirven si sabes a qué corresponden y si de verdad vas a pedir copias alguna vez. Si ya tienes en papel lo que había en ese carrete, casi siempre son bulto. Las diapositivas son otra historia: suelen ser fotos de una generación anterior y muchas veces no existen en papel, así que ahí sí merece la pena mirarlas antes de decidir, aunque haga falta pedir prestado un visor.
Los álbumes de páginas adhesivas envejecen mal: el plástico se pone amarillo y el pegamento acaba dañando el papel. Sacar las fotos de ahí y pasarlas a sobres o a un álbum de fundas es un rato de trabajo que se agradece dentro de veinte años.
Cuatro palabras detrás valen mucho
Si solo puedes hacer una cosa con las fotos que se quedan, que sea esta: escribe con lápiz blando en el reverso quién sale, dónde y el año aproximado. La foto sin identificar es la que acaba en la basura cuando la mire alguien que no estuvo allí.
Y guarda lo que se queda dentro de casa, en un armario seco y estable, no en el trastero ni en la terraza. La humedad y el calor son lo que de verdad se lleva las fotos por delante, mucho antes que cualquier decisión que tomes tú.